Este conjunto de obras guardan relación con mis vivencias en mi comarca andina. Nací en el campo, cerca de Quito, y este es lugar en donde me reencuentro permanentemente, pues navego con mi memoria por los parajes, muros, piedras, rocas, árboles, ángeles, colores de la campiña, cielo y flores; o sea en mi imaginario vuelvo a deambular por los sitios de la infancia; vuelvo a recorrer los lugares que me dejaron una huella indeleble. Y, para crear verosimilitud táctil, he utilizado en todas estas obras un textil, cáñamo, de las plantas del sector. Este material sirve, en su inicio, para transportar los productos vegetales para la comunidad, luego de lo cual termina en el basural; pero, mediante el mecanismo de transfiguración que me permite el arte, reutilizo estos textiles, ejerciendo de esta manera el reciclaje de la materia. Por cierto, este implante sobre el lienzo me produce especial fascinación, por la cercanía de este color con lo telúrico de la región.